La legitimidad de las monedas robadas tampoco termina en el precio. Si un atacante lograra robar una cantidad grande de esas monedas, es probable que el resto del ecosistema acelere su propia migración y deje de aceptar fondos que salieron de direcciones comprometidas.

El verdadero objetivo de un atacante económicamente racional, entonces, no sería solo la cantidad de bitcoin robada, sino que el resto de la red siga reconociendo esas monedas como dinero válido y líquido, algo que un ataque de ese tipo pondría en duda desde el primer momento.

Sin embargo, también es cierto que no todo ataque cuántico buscaría necesariamente un rédito económico, ya que podría perseguir demostrar una capacidad tecnológica o sabotear la confianza en la red, con independencia de su rentabilidad.

Por eso, más que afirmar que un ataque cuántico no sería rentable, lo más preciso sería decir que su costo económico podría superar el valor recuperable de lo robado.

De ahí surge una paradoja que atraviesa todo el debate. Cuanto más vale Bitcoin, mayor es el incentivo para construir una máquina capaz de atacarlo, pero si esa máquina finalmente lo consigue, el propio ataque puede destruir buena parte del valor que lo motivó.