Los bancos tradicionales están entrando en el juego. Por ejemplo, Bank of America considera emitir su propia stablecoin si se establece un marco legal claro, mientras que U.S. Bancorp relanzó su servicio de custodia de criptomonedas en alianza con NYDIG.

Además, un consorcio de bancos globales, incluyendo a Deutsche Bank y Standard Chartered, estudia expandir sus operaciones con criptomonedas en EE. UU. Sin embargo, algunos, como KeyCorp, adoptan una postura cautelosa, citando riesgos regulatorios y la dificultad de rastrear la evolución de las criptomonedas.

A medida que los reguladores preparan nuevas directrices para facilitar la interacción de los bancos con las criptomonedas, el sector financiero se encuentra en un punto de inflexión. La integración de las criptomonedas promete innovación, pero también plantea desafíos en términos de cumplimiento normativo y protección contra el blanqueo de capitales.

Como afirmó Nathan McCauley, director ejecutivo de Anchorage Digital, “toda la gama de obligaciones regulatorias de los bancos puede entrelazarse con la industria de las criptomonedas”. El futuro financiero de EE. UU. parece estar tomando un rumbo híbrido, donde lo tradicional y lo digital convergen.